Parasite, una ovación de pie -

Parasite, una ovación de pie

Publicado el 14 - 01 - 2020 | Por: Juan Camilo Ramírez Ramírez

Luego de un paso magistral por festivales y salas de cine del mundo y de llevarse la Palma de Oro en Cannes el año pasado y el Globo de Oro por mejor película extranjera, llega a nuestro país Parasite, la más reciente película del director surcoreano Bong Joon-ho y que recientemente se llevó seis nominaciones a los premios Oscar.

Mucha gente se preguntará entonces ¿Qué tiene de especial esta película, que ha despertado la ovación de la crítica a lo largo y ancho del mundo cinematográfico?  Parasite es una de esas películas que no se pueden ubicar dentro de un género específico, no es una comedia, tampoco un drama, ni mucho menos un thriller, hay quienes se han atrevido a decir que tiene algunos tintes de terror.  Todo en ella “parece” muy normal, al inicio nos cuenta la típica historia de dos familias coreanas que evidencian la disparidad y desigualdad social.  Los Kim, una familia de bajos recursos, que viven en un sótano (lo que para muchos significaría estar en la inmunda), quienes buscan desesperadamente cambiar el rumbo y tener más oportunidades y los Park, la típica familia adinerada que ven el éxito como algo propio, usual y natural.  Hasta ahí todo parecería una narración típica en la que la lucha de las clases sociales y el capitalismo nos cuentan la tradicional historia de la desigualdad a la que hemos estado acostumbrados gracias a Televisa y Venevisión.  Todo comienza a enredarse cuando Ki-woo, uno de los hijos de los Kim obtiene un trabajo como tutor de inglés de Da-hye la consentida hija de los Park.  De allí en adelante los Kim ven una oportunidad para meterse de lleno, de cabezas,  en el rimbombante mundo de la clase alta, en el que alguna vez soñaron desde aquel atiborrado sótano en donde compartían trabajos ocasionales que les permitían apenas sobrevivir, como les pasa a muchos, como nos pasa a muchos.  Ya adentro, uno a uno como parásitos, logran pasar de ese subsuelo a la superficie para ser vistos como personas “normales”, valiéndose de la falsedad para lograr ser reconocidos y es allí donde todo lo que creíamos normal se convierte en un absurdo pandemónium.

Es imposible no soltar una que otra risa en medio de sus escenas y a la vez sentirse un poco asfixiado con la trama que va en un notable crescendo, haciéndonos pasar por varias emociones hasta el punto de no imaginarse siquiera el desenlace, que obviamente no contaré porque espero que todos la vean. 

Parasite, una ovación de pie

Pocas películas pueden llegar a producir sensaciones que se reflejan en el plano físico, en una evidente incomodidad, solo basta recordar a Réquiem por un sueño de Aronofsky o la tan aclamada Irreversible de Gaspar Noe.  Parasite lo logra con un éxito rotundo, nos pasea de la comedia negra hasta la desesperación y la tristeza, nos lleva a lo más oscuro del ser humano para dejarnos inermes porque al fin de cuentas así es la vida, inconclusa, sorpresiva y misteriosa.

Parasite es una obra magistral por varias razones: es sin duda alguna una representación algo caricaturesca pero tremendamente exacta de lo que suscita la desigualdad social, la desgracia y el éxito, también nos muestra el frenesí de la ambición que posee el ser humano cuando tiene un objetivo que debe cumplir a toda costa.   Su narrativa, su ritmo calmo que se transforma en una oleada de sacudidas al espectador, su fotografía, la increíble ambientación y sus planos precisos y simples la ubican dentro de las mejores películas de la década y la obra mejor contada de Bong Joon-ho hasta el momento según la crítica.  Esperaremos entonces que nueva historia nos trae este director que está en la mira de los fanáticos y grandes conocedores del cine.  Por el momento a disfrutarla porque sería una pena perderse esta joya cinematográfica que pone el cine oriental de nuevo en boca de todos los que queríamos algo verdaderamente único e irrepetible.

Parasite, una ovación de pie