Una orquesta en el avión -

Una orquesta en el avión

Publicado el 8 - 10 - 2020 | Por: Felipe Sánchez Hincapié

Tal vez no fue el lugar: un avión nunca va a superar a un teatro en espacio, acústica y comodidad. Eso, sin contar los riesgos, y no sólo de contraer el virus. Un accidente, por ejemplo. Nadie querrá recibir un codazo de un trompetista en los aires, por el amor de Dios.

Tal vez no fue el momento: una pandemia, más de uno, quizás, con preocupaciones en la cabeza, el miedo a contagiarse, pensando, quizás, en no poder abrazar a los suyos. Y de repente, una orquesta en el avión ¿Aliviaría las tensiones de los pasajeros este inesperado concierto? Los que no tomamos ese vuelo jamás lo sabremos, aunque no faltó el que, gustoso, sacara su celular para grabar este momento irrepetible.

La escena me hizo pensar en la orquesta del Titanic, el barco hundiéndose, la música sonando entre los gritos de horror. Y los músicos, imperturbables, decididos a dar su último concierto. El vuelo AV8565 de Avianca, que cubría la ruta Medellín-Bogotá, no se cayó (¡gracias a Dios!), pero ver a los músicos de la Orquesta Filarmónica de Medellín (Filarmed), con sus tapabocas agujereados y tocando con sus instrumentos de viento una alegre melodía colombiana, me pareció una metáfora del arte: hasta en los momentos más oscuros, en las horas más aciagas, siempre habrá espacio para la belleza.

Ahora, dejando a un lado las sutilezas, esta escena surreal, hilarante, absurda, también puede ilustrar la situación del arte en este tiempo de pandemia: volar con un ala rota o con nubarrones. Mejor dicho, un vuelo constante a la incertidumbre.

Las criticas cayeron por igual a Avianca y Filarmed (“¡Cómo se les ocurre!” “¡No saben dónde están parados!”) Fue una pésima decisión, tal vez, porque si querían regalarles música a los pasajeros, bien podrían haber escogido otro lugar menos incomodo y aparatoso. Ahora, si lo que también querían era sentar un precedente (o sea, estar en boca de todo el mundo) ¡lo lograron! Avianca, así se diera un aire con esto, ya tiene su imagen por el piso (lo siento, pero nadie va a perdonarle esa pataleta que hizo para que el Gobierno le pasara esos milloncitos que bien podían dárseles a quienes ni para montar en avión tienen) Pero Filarmed, en cambio, fue mentada por muchos, no solamente por los amantes de la música clásica en masa.

Eso, si se mira con lupa, solo quiere decir una cosa: la Orquesta Filarmónica de Medellín demostró, ¡por fin!, que puede salir del Teatro Metropolitano. No es la primera vez que lo hace, claro está. Meses atrás realizó algunos conciertos a las afueras de los hospitales para animar a los pacientes y al personal médico, y, antes de este pandemónium, visitó varios barrios de Medellín (Aranjuez, por ejemplo) y municipios de Antioquia. De hecho, mucho antes, hizo otras acciones para mostrarse más abierta o, al menos, más consciente del país complejo y desigual en que vivimos: abrió la Academia Filarmed, con la que brindó formación musical a jóvenes y niños de escasos recursos; creó un coro, el Coro Reconciliación, conformado por víctimas y victimarios del conflicto armado.

Y vámonos más allá, a su repertorio: después de casi no soltar a Beethoven, Mozart y Bach, la Orquesta se abrió (a veces con decisión, a veces con timidez) a Stravinski, Mahler y otros compositores del siglo XX. Incluso (¡vaya herejía para los puristas!) incluyeron a compositores latinoamericanos y colombianos, recordándonos que este continente también cabe en un pentagrama y que en el género sinfónico tiene tradición. Eso, sin contar sus tributos sinfónicos a los Beatles, Queen, Metallica, Led Zepellin y Pink Floyd, o aquel memorable concierto con Allan Parsons en el Parque de los Pies Descalzos (aún me da escalofríos de solo recordarlo).

También, recientemente, ha hecho algo impensable para quienes no se han quitado el monóculo y creen que para escuchar música clásica hay que meterse a una burbuja: hablar de política, tomar posición. El 29 de septiembre, mientras este país escribía más capítulos para su historia de la infamia, Filarmed compartió un conmovedor vídeo, dirigido por Laura Mora, en el que los integrantes del Coro Reconciliación mostraban los nombres de los líderes sociales asesinados durante 2020. La obra que acompañó el vídeo fue la más indicada: 1987, de Natalia Valencia, un hermoso y estremecedor contraste entre ruido y silencio, entre oscuridad y luz, que bien refleja las convulsiones de aquel año en que cayeron asesinados varios defensores de Derechos Humanos, entre ellos su padre, Pedro Luis. Fue un homenaje a los líderes sociales, un rechazo con música a la violencia, una plegaria para que, en vez de sangre, corra vida.

Cuatro días atrás, en alianza con la Orquesta Sinfónica EAFIT, la Orquesta Filarmónica De Cali, la Orquesta Sinfónica de Caldas y la Orquesta Sinfónica Juvenil de la Universidad Autónoma de Bucaramanga, presentó Aire, aire (no puedo respirar), una obra de Andrés Posada cuyo sonido denso y triste era una protesta en contra del asesinato de George Floyd, pero también en contra de la contaminación y los abusos de este sistema que a más de uno no deja respirar.

Díganme, si eso no es sacudirse el frac ¿qué más puede ser?

Las redes están divididas entre quienes aplauden y rechiflan a Filarmed por este concierto en el aire. Yo, por mi parte, solo espero que la Orquesta siga sacudiéndose el frac, que haga más conciertos en hospitales, aeropuertos (¡pero no aviones!) y, por qué no, en terminales de transporte, en escuelas y colegios públicos (cuando puedan abrir sus puertas), en bares, cantinas y plazas de mercado; y que siga alzando la voz por quienes no la tienen, por quienes ven en la música su único medio para ser escuchados. Ojalá, cuando podamos volver a los teatros, no se encierre de nuevo en el Metropolitano como lo hacía hace unos años. La música y la vida están afuera. Y si algunos que leen estas líneas no me creen, escuchen a Bartók, Cage, Shostakóvich y a tantos otros. Incluso al mismo Beethoven, al que ustedes, a cada rato, suben a una torre de marfil.

Coda: una pregunta para Ana Cristina Abad, directora ejecutiva de Filarmed: ¿cuándo volverá el Festival Internacional de Música de Medellín que realizaba Filarmed? La ciudad se lo merece, los amantes de la música también nos lo merecemos.