El hombre endeudado, una experiencia estética para emanciparse -

El hombre endeudado, una experiencia estética para emanciparse

Publicado el 15 - 08 - 2019 | Por: Felipe Sánchez Hincapié

Desde lo más alto, Levi Atán, el hombre de las pantallas, el amo y señor de los medios de comunicación, controla la Distopía que ha creado a punta de manipulación y promesas de poder. A su alrededor, Ema, la oveja, sigue al pie de la letra sus designios, se desentiende del mundo y no quiere salirse de la manada porque se conforma con seguir las normas y los horarios que el generoso pastor a bien considere. A ella la sigue Ene, una especie de oruga que hace parte de los “sin parte” y al no tener boca, ni conciencia crítica,  es automáticamente invisible a los demás. 

Pero en todo este universo controlado hay voces que se revelan y tratan de derribar los muros impuestos por las ficciones de bienestar, como Erre, un arquitecto e investigador innato que se percata de lo dañina que es la Distopía y busca el bienestar colectivo; Cero, un hacker que pese a haber nacido endeudado pudo educarse gracias al sacrificio de sus padres para concienciar a todos sobre las mentiras con que a diario Levi Atán los amordaza; y el Hombre Endeudado, que cansado de las deudas que le quitan la libertad y el tiempo para crear, decide juntarse con otros hombres endeudados para emanciparse y crear una Utopía donde la verdadera emancipación puede ser posible.

Todos estos personajes, que bien son un reflejo de la sociedad actual, fueron creados por el diseñador Hernando Blandón y conforman la exposición El hombre endeudado, que por estos días puede apreciarse en Casa Tres Patios y está abierta al público hasta el viernes 16 de agosto.

La génesis de este proyecto, con el que Hernando obtuvo su doctorado en Filosofía de la Universidad Pontificia Bolivariana (UPB) en grado summa cum laude, fue una lectura detallada del primer punto del Acuerdo de Paz, firmado entre el gobierno colombiano y la guerrilla de las Farc, relacionado con la tenencia de la tierra, el más sensible del Acuerdo. Dicha lectura lo motivó a hacer un mapeo histórico que lo llevó hasta la Conquista, periodo en el que la mentalidad de los españoles de hacerse dueños de la tierra a través de un papel riñó con la de los indígenas, para quienes el espíritu los hacía no dueños, sino habitantes efímeros de la tierra que adoraban y cuidaban.

Esta investigación, que le permitió corroborar las desigualdades que alimentaron tantos años de conflicto en Colombia, adquirió una dimensión universal luego de que él leyera al filósofo francés Jacques Rancière y su principio de la igualdad de inteligencias, que aboga por cambiar la mentalidad neoliberal para creer en el otro y su posibilidad de acción en aras de la igualdad en el tiempo y el disfrute de la vida misma porque, como el mismo Hernando afirma, “la emancipación es un proceso de sensibilización, no un proceso de desglose económico o de estratos sociales. Es un proceso de subjetivación que arranca con uno mismo y debe terminar en comunidad”.

Una vez construida esta base teórica, que fue reforzada con otros autores como Thomas Hobbes y Mauricio Lazarato —quien acuñó el término del hombre endeudado para explicar cómo el neoliberalismo creó las deudas a base de ilusiones de libertad y bienestar para controlar la sociedad y comprarle al hombre su tiempo—, Hernando tomó plastilinas, resinas y demás materiales para, cual escultor, crear un universo poblado de seres manipulados y otros que luchan por ser libres. El resultado no fue una simple tesis, sino una experiencia estética con la que el espectador, desde su subjetividad, pueda cuestionarse y emanciparse.  

Por eso, quien llegue a Casa Tres Patios, vea estos personajes y lea sus biografías, puede identificarse con uno o varios de ellos y trazar, si así lo desea, una ruta que lo lleve a la emancipación, o al menos, a un mundo en el que todos, desde sus sentires y visiones, tengan tiempo para crear, compartir y vivir, sin deudas, manipulaciones, estratificaciones y otras taras que impiden su trasegar.

“El espectador lo puede ver de manera superficial y decir ‘es bonita, qué chévere, tan bonitos los animalitos’, y no pasar nada. Pero alguien puede venir y decir ‘woow, esto está fuerte’, lo cuestiona, y dice: ‘bueno, yo soy un Erre, una Ema, soy un hombre endeudado o podré ser un hombre emancipado’. La realidad la construye porque es un planteamiento estético que busca cuestionar tu subjetivación, y la subjetivación es un proceso de conocer y comprender, en la igualdad de las inteligencias, qué es lo que está pasando y hacer una lectura real, apropiar esa lectura y mirar si decides hacer el camino de emancipación o seguir siendo un idiota feliz”, concluye Hernando.