Tributo filarmónico a Soda Stereo: épico y nostálgico -

Tributo filarmónico a Soda Stereo: épico y nostálgico

Publicado el 2 - 09 - 2019 | Por: Felipe Sánchez Hincapié

Ver anoche el Teatro de la Universidad de Medellín lleno, aun con partido de Atlético Nacional VS Millonarios, fue simplemente conmovedor. Jóvenes y adultos, familias y grupos de amigos, toda una procesión de generaciones que llegó hasta allí para, a las 8:00 p.m., rendirle tributo a la agrupación que marcó su educación sentimental y de paso le dio al rock latinoamericano un aire místico: Soda Stereo.

Todos, quizás sin importar las ocupaciones que atender al otro día, atendieron la cita que semanas antes les habían puesto Soda Stereo –Tributo Colombia y la Orquesta Filarmónica Metropolitana para homenajear al trío argentino que, desde 1982 a 1997, marcó tendencia con sus experimentaciones sonoras y letras sugerentes, que logró vender alrededor de 20.000 copias y realizar 1488 conciertos en América y Europa.

La expectativa fue de parte y parte. El público, sin despegarse de sus asientos, no paraba de mirar el escenario, mientras los jóvenes músicos de la orquesta, a pesar de estar ordenadamente ubicados, no ocultaban su emoción. Apenas salió a escena el maestro Alejandro Vásquez Mejía, director de la Filarmónica Metropolitana, y a su paso lo siguieron los seis integrantes de Soda Stereo- Tributo Colombia, la alegría pasó de inmediato al éxtasis cuando sonaron los primeros acordes de “En la ciudad de la furia”, canción que aunque dedicada a Buenos Aires, bien refleja a esta furiosa Medellín.

“Me verás volar por la ciudad de la furia, donde nadie sabe de mí y yo soy parte de todos”, cantó el público con fuerza y por un momento era inevitable sentirse en el Estadio de River Plate cuando en aquel 1997 Soda Stereo dijo adiós, aunque ese adiós no fue definitivo y 22 años después ahí estaban sus seguidores colombianos, reunidos en el espacioso teatro de una reconocida universidad paisa y cantando como si los tuvieran al frente.

De ahí en adelante lo que siguió fue una oda a la nostalgia, porque si bien las canciones de Soda sonaron frescas, más de uno, quizás, se acordó de alguna fiesta, un viaje con amigos, un idílico amor o una ruptura dolorosa. El mantra de esta generación, vivir el ahora y nada más, fue olvidado por dos horas y cada quien volvió a esas páginas olvidadas de su vida para revivirlas o simplemente cantarlas, como si con ello conjuraran el afán que trae el presente.

En esta emoción colectiva tuvieron mucho que ver los impecables arreglos orquestales de Alex Zuluaga, integrante de la Filarmónica Metropolitana, la coordinada y apasionada dirección del maestro Vásquez Mejía y la poderosa actitud de los músicos de Soda Stereo –Tributo Colombia, quienes a pesar de mantener la esencia de los temas clásicos de Soda, aportaron su arrojo y versatilidad.

Momentos dignos de grabar en el celular o guardar en la memoria hubo muchos, como el inicio instrumental de “Signos” y el misticismo sobrecogedor con que Juan Gabriel Bustamante, vocalista de Soda Stereo –Tributo Colombia, tocó la guitarra y cantó, como si estuviera bajo una luna hostil, esa canción que une fisuras y es difícil de definir; o las manos y celulares que no dejaron de moverse en la oscuridad mientras sonaba “Trátame suavemente” y ese “no quiero soñar mil veces las mismas cosas” que retumbó con melancolía. O el homenaje a José Roldán, locutor y primer vocalista de la agrupación fallecido hace unos meses y cuyo legado fue recordado nada más y nada menos que con “El rito”; o cuando Luis Peláez, guitarrista y líder, frotó su guitarra en uno de los amplificadores para lograr esa filosa distorsión de “Sueles dejarme solo” y luego se bajó del escenario para tocar entre el público que no paraba de vitorearlo.

Los ánimos, así sea lugar común decirlo, estaban arriba, tanto que después de terminar el tributo con “Crimen” (canción que además sirvió para revelar la noticia de un próximo tributo filarmónico a Cerati), todos en el teatro pidieron a unísono “¡otra! ¡otra! ¡otra!” y a los músicos nos les quedó más alternativa que volver al escenario para tocar “De música ligera”, himno de generaciones que no estaba incluido en el repertorio y que aun así sonó como si hubiera sido ensayado con antelación. El gesto fue respondido con saltos y voces eufóricas, y claro, no pudo faltar el “¡Gracias…totales!” para despedir este tributo épico y nostálgico.

Una vez el teatro se quedó vacío y todos tomaron rumbo a sus casas, el presente con su sopor volvió a ser protagonista. Aun así, nadie pudo (ni quiso) quitarse la emoción de haber revivido la banda sonora de sus vidas, esa misma que tantas veces los hizo sentirse fuera de foco, correr por carreteras sin sentido y simplemente vivir sin taras, antes de que el eclipse parcial cegara sus miradas. De seguro varias gargantas quedaron estropeadas por cantar a viva voz  y los pies no pararon de temblar por tanto saltar, pero lo que anoche se vivió fue un rito que muy pocos olvidarán porque aparte de las canciones de Soda Stereo nada más queda.